martes, 10 de octubre de 2017

La inseguridad de Yahoo. Un ataque devastador


Finalmente Yahoo admite que todos sus usuarios fueron víctimas del ataque que hackers realizaron hace algunos años. Léase bien, todos los usuarios. Es un final triste para una empresa ícono del boom de Internet de los años noventa.

Algunos podrán pensar que poco importa que tu correo personal haya sido hackeado, pero si el usuario reconsidera y analiza bien la situación se dará cuenta que sus contactos, fotos personales y correos con información posiblemente íntima fue en algún momento accedida por quien sabe quién.

Este tipo de ataques necesitan ingentes recursos, usualmente de naciones estado, y en este caso las pistas forenses apuntan a Rusia. Sin embargo, los altos ejecutivos de Yahoo facilitaron tal devastador ataque.

Ya en esta columna he escrito sobre la responsabilidad compartida que muchas veces los directivos de las empresas afectadas tienen en estos casos. No es secreto que altos directivos de Yahoo hicieron caso omiso de las advertencias de su personal de seguridad informática.  De acuerdo al reconocido diario The New York Times, la seguridad informática nunca fue una prioridad para los directivos de Yahoo.

La razón por tal desacato y falta de atención es bien conocida. Los altos costos que la seguridad informática conlleva no son desconocidos, pero también influyó el hecho que inyectar seguridad en aplicaciones requiere cambios en el comportamiento del usuario. Los directivos de Yahoo nunca quisieron enfrentar ese arduo camino que es reentrenar al usuario en el uso de aplicaciones más seguras.

Pero las consecuencias están allí a la vista de todos. La empresa perdió valor, el nombre “Yahoo” es ahora sinónimo de mala administración y es ahora parte de un conglomerado de telecomunicaciones. Como empresa independiente Yahoo simplemente desapareció.

Ese escepticismo y la negación de que los ataques cibernéticos puedan afectar una empresa es un lugar común en el empresariado latinoamericano. Ese pensamiento no es muy diferente al dicho “ojos que no ven corazón que no siente”. Esos mismos empresarios estarían prontos a exclamar que esa actitud solo conlleva al desastre.